2/11/08

Más cuentos de los chicos

JUAN DEL TORREJON

Por Cristian Benicio

Era una señora que vivía en el torrejón de Medina Sidonia y su hijo salió a la calle y vio venir a un hombre con un coche. Como era una época en que no había coches, le extrañó y fue con otros niños a ver qué era aquello. El hombre les dijo: -Vengo buscando a un niño que se llama Juan. -Juan soy yo. -¿Tu madre es viuda? -Sí.

El niño salió corriendo:

-¡Mamá, mamá, dice que es un hermano de papá! Viene la pobre mujer, ignorante, se acerca al coche y el hombre le dice: -Le traigo muchos regalos al niño.

Lo cierto es que la mujer se creyó que verdaderamente era el hermano de su marido y el hombre se quedó allí y llevaba al niño a muchos sitios y le compraba muchas cosas. Pero resulta que un día dice:

-Mira, lo voy a llevar a un paseo largo. Y el niño se fue con él y no volvió. Se lo llevó muy lejos, muy lejos, muy lejos, lo montó en un barquito y se perdió.

La madre preguntándose: "¿Dónde estará mi niño?", pero no lo encontró.

Y un día le dijo el hombre al niño:

-Mira, en todas las habitaciones puedes entrar, menos en esta, en esta no puedes mirar.

El niño sí que miró y vio que había allí un grifito con un chorrito de oro. El niño puso un dedo y se lo mojó, pero después no supo cómo quitarse el oro del dedito y le brillaba sin que él quisiera. Se llevó la mano a la cabeza y se le quedó un reflejo de oro en el pelo. En esto que llegó el hombre:

-¡Juan, Juan! ¿Dónde estás? ¿Ya has entrado en la habitación prohibida? El niño quiso huir, pero se le apareció un ángel (siempre hay personas buenas) y le dijo:

-Mira, Juan, no temas. Si ves que tu tío te va a hacer daño, móntate en la lancha de pescar y coge un peine, un puñado de sal y un puñado de tierra.

El niño se montó y el tío salió detrás de él: -Juan, no te vayas, que yo te alcanzo, que yo te alcanzo.

Y cuando iba por medio de la mar le tiró el peine y se formaron muchos espinos.

Y no lo alcanzó y siguió para adelante. Pero cuando vio que otra vez el tío lo alcanzaba, le tiró el puñado de tierra y la mar se puso con un oleaje muy fuerte y no lo pudo alcanzar. Y el niño siguió otra vez y le tiró la sal, poniéndose una nube muy grande, con lo que le dio tiempo al niño de entrar en los pueblos de por aquí. Empezó a buscar, a buscar, a buscar y encontró a su madre, que estaba muy viejecita. El niño, que ya era mayorcito, había cogido dinero al tío y se lo dio a su madre.

1 comentarios :

  1. Anónimo dijo...

    BENICIO0 ESTA RE BUENO... GOR...